Esta mañana me disponía a dar un paseo cuando me ha sorprendido ver la primera nevada, de verdad, en la sierra madrileña. Entonces he decidido ir a andar, desafiando el mal tiempo, por la pedriza y subir por el curso del río manzanares.
Evidentemente, no había mucha gente, alguna persona en la parte baja. Pero no había ningún loco como yo subiendo el curso.
He subido mucho, más allá de charca verde hasta llegar a media subida hacia los chorros. Me ha llovido, nevado, viento, frío; un poco de todo.
A pesar de las inclemencias, me he encontrado en paz conmigo mismo en medio de la naturaleza, mezclándome con ella, escuchando sus sonidos y sus silencios. Escuchando la armonía del agua corriendo hacia su destino.
Que maravillosa naturaleza. En algunos momentos he tenido algo de respeto y me he tenido que buscar cobijos. No se si sentía miedo o simplemente respeto. A veces me preguntaba como se me había ocurrido tal aventura. Llega a ver momentos donde te sientes muy pequeño ante la naturaleza y te das cuenta que en realidad no pintamos casi nada a su lado. Te das cuenta que cuando hablamos de cambio climático, lo hacemos con demasiada demagogia.
¿Realmente somos nosotros capaces de destruir todo esto?. ¿Realmente somos capaces de destruir esta naturaleza que se muestra muy por encima de nosotros?.
No amigos no. Nosotros no vamos a destruir, ni estamos destruyendo el planeta y su naturaleza. Lo que hacemos es destruirnos a nosotros mismos. Podremos hacer daño al ecosistema; pero en realidad, cuando te encuentras en estos parajes y en otros como estos te das cuenta, que el planeta lleva aquí 400 millones de años antes de llegar nosotros y seguirá no se sabe cuantos, después de nosotros.
Cuidemos por tanto, no de la naturaleza, sino de nosotros mismos.
Qué grande es la naturaleza, y que pequeños somos nosotros.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario